1917

El año que inició la relación de dos sagaces escritores

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Por: Alejandro Torres
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    El año 1917 fue un año escabroso. Al rededor de todo el globo, con la Primera Guerra Mundial iniciada, sucedieron sucesos que alteraron el orden de las sociedades, y otras que aportaron al devenir en lo que se convertiría a futuro el mundo. En Manchester, Reino Unido, nacía Anthony Burgess quien cuarenta y cinco años más tarde publicaría La Naranja Mecánica; a 325 kilómetros de ahí, en Somerset, también lo hacía Arthur C. Clarke, autor de 2001: Odisea en el espacio; más arriba del globo, al norte de América, lo hacía John F. Kennedy y su futura consolidación de los Derechos Civiles estadounidenses. Pero, así como unos nacen, otros mueren: el sociólogo Émile Durkheim dejaba el mundo con una vanagloriosa vida junto con el uruguayo José Enrique Rodó y el poeta argentino Almafuerte. El premio Nobel de literatura, Juan Ramón Jiménez, publicaría ese año su obra Platero y yo, digna de la literatura española; y Máximo Gorki aportaba Los bajos fondos a la realidad zarista que se terminaba con la Rusia Comunista. Ese mismo año, en París, Mata Hari era arrestada y ejecutada; Rusia comenzaba su revolución con la abdicación del zar Nicolás II y se declaraba República; y Venezuela descubría el petróleo en sus tierras.
    Pero es en el Reino Unido donde ocurre un acontecimiento poco recordado, o de poco interés para el mundo -menos para el mundo de la literatura, y mucho menos para el mundo de la literatura de ciencia ficción- en el Eton College. El Eton College siempre fue conocido por albergar a los hijos de la aristocracia inglesa, pese a ser fundado por Enrique VI para niños pobres. Este college, donde aún se conservan la clásica vestimenta oscura con camisa blanca y cuello especial, mantiene su propio argot y las costumbres de antaño, no es para cualquiera: por allí, han pasado diecinueve primeros ministros y los príncipes Guillermo y Enrique de Inglaterra. También tuvieron lugar el autor de James Bond, Ian Fleming, y el presunto asesino y aristócrata Richard John Bingham, mejor conocido como Lord Lucan, séptimo conde de Lucan; y el célebre escritor Eric Arthur Blair, más reconocido por el seudónimo de George Orwell. Orwell, autor de la novela 1984 (1949), fue el último de los “King’s Scholars” (grupo de chicos menos pudientes que gozan de una beca especial). En 1917, Orwell, gracias a sus facultades y su gran interés en el aprendizaje tuvo la oportunidad de concurrir a este prestigioso colegio inglés y tener como profesor de francés al recién graduado de Oxford y jovencísimo Aldous Huxley, de veintitrés años, que también había concurrido a ese recinto. Estos dos jóvenes establecerían una relación más profunda que alumno-profesor, una admiración mutua. Para Huxley, autor de la novela Un mundo feliz (1932), este fue su primer trabajo como profesor. Huxley provenía de una familia de intelectuales y decidió dedicarse a la literatura por un problema que le complicó la vista, abandonando la carrera de medicina: su abuelo fue el biólogo Thomas Henry Huxley; su padre, también biólogo, fue Leonard Huxley. Su madre, Julia Arnold, fue una de las primeras mujeres en estudiar en Oxford y nieta del poeta Matthew Arnold; y su hermano, Sir Julian S. Huxley, fue el primer director de la UNESCO.
    Poco común fue la relación entre estos dos famosos escritores; y pese a que luego de ese año jamás se volvieron a cruzar, cuando George Orwell encontró su punto de preocupación (tras dedicar gran parte de su vida siendo policía colonial de Birmania, maestro de escuela y reportero de la Guerra Civil española y hasta ser Home Guard en la segunda guerra mundial) en los controles estatales que practicaba la URSS de Stalin, escribió Rebelión en la granja y 1984, como crítica a ese régimen. Huxley, por su parte, en 1921 emprendió un viaje, junto a su esposa Marie Nys, que lo llevaría a conocer más de una decena de países, tales como: Italia, Túnez, India, Singapur, Birmania, Malasia, Filipinas, China, Japón, Francia, España, entre otros, hasta radicarse en Estados Unidos. En 1949, cuando Orwell publica 1984, una copia del libro es enviada por su editor a Huxley en Estados Unidos. Desde allí, cuatro meses después, le contesta con una controversial y asertiva carta:

Wrightwood. California.
21 de octubre de 1949
Estimado Sr. Orwell,

Fue muy amable de su parte decirle a sus editores que me envíen una copia de su libro. Llegó mientras estaba en medio de una obra que requería mucha lectura y consulta de referencias; y como la visión deficiente me obliga a racionar mi lectura, tuve que esperar mucho tiempo antes de poder embarcarme en Mil novecientos ochenta y cuatro. De acuerdo con todo lo que los críticos han escrito al respecto, no necesito decirte, una vez más, qué tan bueno y cuán profundamente importante es el libro.
¿Puedo hablar en lugar de lo que trata el libro: la revolución final? Los primeros indicios de una filosofía de la revolución final -la revolución que está más allá de la política y la economía, y que apunta a la subversión total de la psicología y la fisiología del individuo- se encuentran en el Marqués de Sade, que se consideraba a sí mismo como el continuador, el consumador, de Robespierre y Babeuf. La filosofía de la minoría gobernante en Mil novecientos ochenta y cuatro es un sadismo que ha llevado a su conclusión lógica al ir más allá del sexo y negarlo. Si en realidad la política del "bota en la cara" puede continuar indefinidamente parece dudosa. Mi propia creencia es que la oligarquía gobernante encontrará formas menos arduas y derrochadoras de gobernar y de satisfacer su ansia de poder, y estas formas se parecerán a las que describí en Un mundo feliz. Recientemente he tenido ocasión de examinar la historia del magnetismo animal y el hipnotismo, y me ha impresionado mucho la forma en que, durante ciento cincuenta años, el mundo se ha negado a tomar en serio los descubrimientos de Mesmer, Braid, Esdaile, y el resto. En parte debido al materialismo imperante y en parte a la respetabilidad prevaleciente, los filósofos del siglo XIX y los hombres de ciencia no estaban dispuestos a investigar los hechos más extraños de la psicología para hombres prácticos, como políticos, soldados y policías, para postularse en el campo del gobierno. Gracias a la ignorancia voluntaria de nuestros padres, el advenimiento de la revolución final se retrasó durante cinco o seis generaciones. Otro afortunado accidente fue la incapacidad de Freud para hipnotizar con éxito y su consiguiente menosprecio del hipnotismo. Esto retrasó la aplicación general del hipnotismo a la psiquiatría durante al menos cuarenta años. Pero ahora el psicoanálisis se combina con la hipnosis; y la hipnosis se ha hecho fácil e indefinidamente extensible mediante el uso de barbitúricos, que inducen un estado hipnoide y sugestible incluso en los sujetos más recalcitrantes. Dentro de la próxima generación, creo que los gobernantes del mundo descubrirán que el acondicionamiento infantil y la narco hipnosis son más eficientes, como instrumentos de gobierno, que los clubes y las prisiones, y que la lujuria por el poder puede satisfacerse por completo al sugerir a las personas que aman su servidumbre como por flagelación y patadas en la obediencia.
En otras palabras, siento que la pesadilla de Mil novecientos ochenta y cuatro está destinada a modular en la pesadilla de un mundo que tiene más parecido con lo que imaginé en Un mundo feliz. El cambio se producirá como resultado de una necesidad sentida de una mayor eficiencia. Mientras tanto, por supuesto, puede haber una guerra biológica y atómica a gran escala, en cuyo caso tendremos pesadillas de otros tipos apenas imaginables.
Gracias una vez más por el libro.
Tuyo sinceramente,
Aldous Huxley
 

    Si bien la obra de Huxley expresa nuevas formas de control mental y corporal a través de una sociedad de castas regulada genéticamente por las drogas y el sentimiento de las masas, por parte del gobierno; la de Orwell, que fue escrita sobre un régimen existente, aún presenta indicios que pueden verse en gobiernos modernos y también otros que esperan por uno para ser totalmente adaptado a ese apocalíptico final.


 


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